¡qué barbaridad tan bárbara!
ALEJANDRO PALESTINO
palestino_101@yahoo.com.mx
La bronca no fue que anduviera de parranda un domingo en la madrugada, ni que le hayan disparado directo al coco, ni que el Adán (nuestro exhibicionista barrial marca Acme) le haya mostrado sus cositas a quien no debía en el mero baño de un tugurio cualquiera, sino que la dichosa cantina estuviera abierta a deshoras.
El Adán está bien, aunque va a ser difícil que vuelva a hacer de las suyas, al menos en el desplumadero en el que nos lo peinaron de raya en medio hasta que cicatrice la herida, gracias a una bala de calibre veintidós.
Si bien tuvo suerte no sólo de seguir vivito, coleando y abriéndose la gabardina para lo que se ofrezca, también la tuvo de no haber caído en un show de medios en el que todo mundo opina sobre la moralidad, las buenas costumbres, la corrupción y la inseguridad.
Obviamente, quien le disparó está listo para volver a usar su arma porque no sólo era requetecuate del dueño del antro y daba buenas propinas a los meseros, sino que también y para variar, a esas horas y en esas circunstancias, todos los ahí presentes estaban tan en otro boleto que dieron por buena la versión de que el autor del atentado fue otro. ¿Quién?, sabrá Dios.
Más allá y más acá de que se cometa un crimen en esta gran urbe en constante proceso de reconstrucción (algo así como aplicar inyecciones a las pompas de cualquier artista con tal de que todo mundo se queje, incluyendo a la artista), lo que da miedo es que la autoridad nomás no da una en casos, no de este humilde tipo, sino de grandes, muy grandes, figuras.
La cosa ya todo mundo se la sabe. Un gran, excelso, deportista, amaneció una mañana de lunes (mal día para empezar la semana con un tiro en la cabeza) en un antrote de Insurgentes Sur cuya razón social es redundante: bar “Bar”. Algo así como decir cantina “Cantina” o escuela “La escuela” y no “Héroes de Churubusco”.
Al parecer, nuestras nuevas clases ociosas (ésas que ahora viven del lavado de dinero del narco) que ya se preparan para hacer aparecer encueradas en revistas para caballeros a las tataranietas de los héroes que nos dieron revolución (aprovechando el centenario de aquel relajo), como que agarraron a guasa eso de que el peladaje o la naquiza supiera que se revientan hasta altas horas de la madrugada del primer día hábil de la semana sin miedo a un descuento en el salario, ¡qué envidia!
Lo que espanta no es el hecho en sí (a un tipo lo balean en un “antro de mala muerte” cuando está en el sagrado acto de dejar fluir sus fluidos ante un mingitorio), sino la respuesta de la autoridad, la cual está en plan de salir en la foto y, cuando lo hace, la neta, lo hace mal.
En principio, pone al frente a un cuate que organiza una conferencia de prensa para presentar el testimonio de una chava-chiva quien, además de aprovechar para hacerse publicidad, revela el nombre del verdadero padre de su hija, el supuesto asesino.
El mismo funcionario que se equivocó al dar por válida la identificación del guarura que andaba haciendo cosas en lo oscurito (de acuerdo al video de la cámara de seguridad) con una bailarina presuntamente cubana bastante flaca.
Bueno, para ese tipo de broncas siempre existirá un “Apá”, alguien a quien echarle la culpa, aunque la cosa se tarde. De ahí que uno no esté tan seguro de la identidad del presunto atacante.
Eso es lo que da miedo, la disyuntiva de los burócratas entre rapidez o precisión.
Por otro lado, eso de dispararse en un baño parece ser cosa de hombres, diría un clásico (porque nadie recuerda a ninguna mujer que haya hecho lo mismo y menos por una discusión sobre futbol). Además, ya entrados en tragos, así como otras cosas, cualquier cosa puede pasar, desde ver elefantes rosas entregando una cuenta de varios días de salario mínimo hasta, por lo que se ve, hacer antesala para ver al Creador.
Lo que irrita, en todo caso, es la artificialidad de los acontecimientos y del mismo escenario, comenzando por la hora, la beautiful people que andaba ahí en el cotorreo, así como la extrema naquez del hecho en sí: discutir en un baño, sacar una pistola, meterle un tiro a alguien (porque él lo pidió, dicen las crónicas: “¡Dispara si tienes…!”) y salir como si nada hubiera pasado mientras todo el personal a cargo se desvivía para abrirles paso.
Lo demás sigue siendo parte de la misma comedia de equivocaciones: la alteración de la escena del crimen, la venta de la tragedia, así como la comprobación de que el deporte nacional consiste en tapar hoyos luego de que los niños se ahogan, o se caen camiones de basura del segundo piso del periférico.
Bueno, sólo debo decirles que el Adán está bien después del susto y que, luego de este episodio, decidió raparse.


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