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la chulanga, otro diez de mayo






NORA EMILIA
lachulanga@gmail.com

Divorciada y con dos hijas saqué del horno el pastel de plátano con chocolate que preparamos juntas Regina y yo para el día de madres. Lo volteé en una charola de cristal y mientras le espolvoreaba azúcar glass mi hija me dejó maravillada.
—¿No es increíble cómo con sólo batir una lista de ingredientes sale un pastel del horno?, es casi magia ¿no crees, mamá? —su carita estaba llena de chocolate porque había estado chupando el tazón de la batidora y la espátula con la que integré las chispas de chocolate a la masa en el último momento.
—La cocina es mágica —le decía yo lista para llevar el pastel a la fiesta, cuando entró Marcela por tercera vez a la cocina insegura de qué ponerse.
—Te ves hermosa —le contesté cuando preguntó otra vez cómo se veía con shorts de mezclilla y zapatos de tacón.
—¿Estás segura que se ve bien? —volvió a preguntar vanidosa.
—Se te ven una piernas larguísimas. ¡Vámonos ya!— ordené un tanto apresurada por el tráfico que nos esperaba— ya se nos hizo tardísimo.
Por primera vez en mucho tiempo, el día de madres lo hicimos mucho más íntimo. Todo fue un éxito: agregarle media taza de cacao a la receta del pastel de plátano, la gelatina de toronja que preparó mi madre y prescindir de la tía Adela y de sus hijos.
—¿Saben? —contó Regina— mi maestra de español nos platicó que fue a ver una obra donde solamente hablaba una persona.
—Un monólogo —dije yo.
—¡Sí!!! Es de un señor que está todo peloncito y que es hijo una señora que salía en la tele cuando ustedes eras chiquitas, se llamaba Pepita Gomis. Dijo mi maestra que todos los niños de México esperaban emocionados escuchar sus historias, ¿se acuerdan de ella?
—Me acuerdo del nombre, pero no me tocó —contestó Vera. Más bien nosotras veíamos al Tío Gamboín y a la Calca Tilica y Flaca que le jalaban la mandíbula con un hilito transparente y parecía como que hablaba, ¿te acuerdas? —me preguntó.
—Claaro, y de Héctor Suárez, su papá me acuerdo perfecto —dije yo. Tenía varios personajes. ¿Te acuerdas del “No hay”? Era buenísimo.
—Regina está hablando de El Pelón en los tiempos de Cólera, es el espectáculo de Héctor Suárez Gomis —dijo Vera—, yo ya lo fui a ver, te mueres de la risa; se la pasa burlándose de lo disfuncionales que eran y son las familias —a mi mamá no le causó gracia.
—¡Exacto! Eso nos contó la maestra. Dijo que el tipo se paraba a la mitad del escenario y empieza a contarle a la gente todos los traumas de su vida: cómo se peleaban sus papás y cómo le gritaban cuando desobedecía en el coche y esas cosas que uno trae adentro y que da pena contarle hasta a los amigos. Según mi maestra que eso de burlarse de uno mismo es muy bueno ¿podemos ir a verlo?
—No jovencita, es para mayores de dieciocho, el espectáculo es en un bar en Antara —dijo Vera muy estricta— no te van a dejar entrar.
—Pues la maestra nos dejó de tarea escribir en una hoja cosas de nosotros que nos dan pena. Dijo que entre más chistoso fuera, mejor.
Mi madre se veía un poco desmejorada y mi papá un poco preocupado. Justo en ese momento pensé que ver envejecer a los padres, no tiene nada de chistoso, así que cada uno comenzó a burlarse de sí mismo y gracias a Héctor Suarez Gomis, el día de madres se tornó en algo divertido.
—Yo, cuando veía una película en blanco y negro pensaba que la gente solamente se vestía de esos dos colores y que todo lo que pasaba lo estaban viviendo en ese momento —dijo Marcela.
—La verdad siempre quise usar frenos y lentes y ahora que tengo frenos y lentes me arrepiento de haberlo deseado tanto —dijo Regina.
—Cuando cantaba el himno nacional, creía que “más si osare” era una sola palabra, y entonces pensaba que “Masiosare” era el extraño enemigo…—dijo Vera.
—De chica pensaba que cuando los papás se casaban la mamá empezaba a engordar hasta que le cortaban la panza y nacía el bebé; después me enteré de cómo se hacen los niños de verdad y esa versión se me hace mucho más asquerosa —dijo la hija de Vera y se puso toda roja.
—Y yo, la verdad, creía que si uno se echaba muchos pedos podía desinflarse —dijo el hijo de mi hermana. Todos nos botamos de la risa.
Llegamos como a las diez a la casa. Regina se quedó dormida haciendo la tarea sobre su cuaderno. La desperté para que se pusiera la pijama y se lavara los dientes. Mientras lo hacía, me quedé leyendo su tarea:
“Nunca les creo a las películas cuando dicen: ‘y vivieron felices para siempre’. Eso no existe.
Mi mamá es diferente a las otras. Tiene varios tipos de amigos, con cada uno se lleva diferente. Ella es como… libre… hasta por el tipo de cuadros de gente desnuda que cuelga en las paredes de la casa… yo no lo veo mal, ella es como es y eso a mí me gusta”.
Cerré el cuaderno, vi a mi chiquita salir del baño y le di un beso de las buenas noches. Saber que mi hija piensa así de mí, fue mi mejor regalo.

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