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la casa de un revolucionario






ÁNGELES GONZÁLEZ GAMIO
gonzalezgamio@gmail.com

Un frío mes diciembre de 1859, en Cuatro Ciénagas, Coahuila, vio por vez primera la luz quien habría de ser uno de los caudillos revolucionarios más destacados: Venustiano Carranza. Nacido en el seno de una familia de hacendados, estudió hasta la preparatoria en Saltillo y de ahí se trasladó a estudiar medicina en la ciudad de México, carrera que interrumpió por un problema de la vista.

De regreso en su tierra natal, se dedicó a cuidar sus propiedades y en 1887 se inició en la carrera política, siendo elegido presidente municipal, después diputado local y senador de la República. En 1910 se unió al movimento maderista. Es autor del Plan de Guadalupe que derrocó al chacal Victoriano Huerta; en 1916 convocó al Congreso Constituyente, que formuló la Constitución de 1917, que nos rige —con innumerables modificaciones— hasta la fecha. Ese mismo año tomó posesión como presidente Constitucional de la República, y cuatro años más tarde fue asesinado en Tlaxcalantongo.

El apretado resumen nos habla de la enjundia del personaje, que vivió sus últimos tiempos en una hermosa residencia porfiriana, de estilo francés, ubicada en la calle Río Lerma 35, en la Colonia Cuauhtémoc. La construyó el ingeniero Manuel Stampa, en 1908, con la intención de habitarla con su familia, pero se vio obligado a abandonarla un tiempo por los sucesos de la Decena Trágica. En esa época la ocupó el general Felipe Ángeles para utilizarla como cuartel general, y al término de los acontecimientos la volvió a habitar la familia Stampa, hasta 1919, mismo año en que falleció la esposa de don Venustiano, lo que lo llevó a alquilarles la bella mansión que habitó con sus hijasy el esposo de una de ellas. Escasos seis meses la disfrutó, ya que el 7 de mayo de 1920, salió de la capital para dirigirse a Veracruz y regresó su cadáver.

Al poco tiempo de su muerte, el coronel Paulino Fontes y el general Juan Barragán adquirieron la casa y se la donaron a la hija Julia, quien la habitó durante varios años y finalmente la cedió con todo el mobiliario para que fuera un museo. Tras haber sido Museo Histórico de la Constitución, en 1961 el presidente Adolfo López Mateos la inauguró oficialmente como Museo Casa de Carranza.

Vale la pena visitarla en estas fechas del centenario de la gesta revolucionaria, ya que nos permite apreciar cómo vivía en los últimos tiempos de la Revolución, sin mayor diferencia con las familias de clase acomodada, un personaje de gran altura en la vida política nacional. Seguramente advertiremos un contraste con el lujo y ostentación con el que viven muchos de los políticos actuales.

La arquitectura de la casa es representativa de la que caracterizó al porfiriato, época en la que queríamos ser parisinos: pisos de parquet colocados artísticamente, yesería rococó adornando techos y paredes, vitrales, elaborada herrería, techos altísimos, en fin, pura exquisitez, y con el añadido de que conserva los muebles que usó la familia Carranza.

La sala luce muebles estilo Luis XV, con brocado y oro de hoja, un biombo con espejos, chimenea de mármol y una mesa de centro con medallones florentinos. En este lugar, donde es fácil imaginarlo tomando un coñac, fumando un puro y departiendo con familia y amigos, fueron velados sus restos. El comedor, sobrio y elegante, habla de buen gusto y sencillez. La cocina, con su estufa de carbón, conserva una mesita de palo con un par de sillas, donde don Venustiano gustaba sentarse a merendar cuando llegaba tarde.

Su recámara, lo mismo que las de sus hijas, son igualmente de una modesta elegancia; la de él muestra algunos enseres personales en una cómoda, el ropero, su baúl de viaje y en la cama una linda colcha de gancho, como la que vimos en casa de los abuelos.

La presencia del poderoso político se siente en la biblioteca, que muestra sus gustos y aficiones. Ademas de libros, unos muebles de bejuco y unas espadas en los muros, tenía retratos de personalidades que admiraba: Benito Juárez, Madero, Hidalgo, Napoleón y Washington. En lo que fueron el costurero y las recámaras de visitas se instalaron las salas históricas, que hablan de Carranza, el hombre, el político y de la Constitución.

En la actualidad, el pequeño y encantador museo depende del Instituto Nacional de Antropología e Historia y lo dirige la talentosa Lorenza del Río, quien realiza una ecxcelente labor. Hace unos días inauguró una exposición sobre la expedición punitiva del ejército estadounidense a Pancho Villa y en noviembre abre otra sobre los magnicidios en la Revolución. Paralela a las exposiciones se realizan conferencias, talleres y muchas actividades más. En julio hay cursos de verano para los infantes con actividades relacionadas con la Revolución.

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