Conoce otros servicios: Tiempolibre.com.mx Tiempo de Blogs Tiempo de Avisos (gratuito) ¿Deseas anunciarte? Anúnciate en Tiempo Libre


¡ay, sus datos!






ALEJANDRO PALESTINO
palestino_101@yahoo.com.mx

Cuando hay amor, lo que se dice amor, no hay imposibles, porque lo posible es más rápido si se tienen los datos del objeto del deseo a la mano, gracias no sólo a las nuevas tecnologías, sino también a la venta libre de todos los datos personales habidos y por haber.

Esto vale para el Adán (el exhibicionista marca Acme del barrio) en su nueva fase de acosador, según él, buena onda, y cuya pasión va dirigida a la rubia de ojos verdes del condominio de la esquina. Así, para llevar a cabo sus planes prescindió del encuentro casual y la pregunta pasada de moda, pero no por ello menos estratégica en ciertas circunstancias: ¿a qué horas sales al pan, reinita?

No. El Adán tenía que saberlo todo de su amor platónico antes de dar el siguiente y definitivo paso: revisar sus bolsas de basura. Por ello, indagando aquí y allá, tanto en la calle como por internet, dio con un distribuidor de bancos de datos de buena calidad, ya “calados”, como dicen los vendedores de discos piratas.

Algunos de la banda lo acompañamos a la populosa y brava hermana República de Tepito, no por desconfianza, sino porque casi todos teníamos ganas de comparar precios de distintos servicios, como el de alquiler de armas de uso exclusivo de la mafia (por aquello de estar preparados para el famosísimo e inminente “estallido social”); la venta de videos de películas que todavía ni se estrenan ni se filman; la contratación de sicarios (el más interesado fue el mecánico de la esquina, por aquello de que sospecha de la fidelidad, no de su esposa, sino de su “segundo frente”); así como echar ojo a todo lo demás: películas pornográficas, aparatos de intercepción telefónica, dinero, alcohol, lociones, ropa (todo falso), ah, y versiones piratas del mapa del genoma humano para hacer tareas de secundaria o clonar a alguien en la comodidad del hogar.

Aunque luego digan que este país no avanza, el asunto es una mera ilusión porque, al menos en materia de mercado negro y copia y procesamiento de marcas de prestigio, nuestro país ocupa uno de los primeros lugares en el mundo, eso que ni qué.

Ya localizado el vendedor de datos personales, el Adán pudo hacer las preguntas que quiso acerca de la calidad de los bancos que pusieron ante su vista con llamativos letreritos escritos a mano y con faltas de ortografía; así, no supo decidirse entre el “reguistro federal de helectores” (sic) y el “liztado del vuró de crédito” (otra vez: sic), porque todavía no tenían completo el “reguistro nasional de usuarios de telefonia celular” (sic sobre sic), gracias a la clásica desidia de los ciudadanos, como dijo el vendedor.

La cosa es que el Adán se quedó con el primero por una buena lana, porque quería echar la casa por la ventana, además de sentirse el orgulloso propietario de los nombres, direcciones y, sobre todo, fotos de todos los mexicanos en edad de votar y merecer algo mejor. Alguno de nosotros le dijo que lo más fácil era meterse a alguna de las redes sociales para saber hasta de qué pie cojeaba la dichosa rubia de ojos verdes, pero no. El Adán quería hacerlo a la antigüita.

No se dejó ver durante varios días con sus respectivas noches, hasta que se nos unió justo cuando acabábamos de abrir una caguama vespertina para, lo que se dice, torear el calor. Andaba de buen humor dado que, nos contó, había logrado hacer varios descubrimientos que harían temblar al país, como demostrar que sí hubo fraude en las pasadas elecciones, así como que varios difuntos siguen votando y que, combinando su base de datos con otras que se venden en línea, era capaz de penetrar la intimidad de cualquier persona.

Nuestra falta de entusiasmo lo desconcertó un poco. Entonces, aprovechamos para decirle que, a sabiendas de que en este país todo está a la venta, los ciudadanos hemos optado por mentir sistemáticamente a las autoridades. Así, le señalamos que el dentista de su edificio, no sólo no puede tener su consultorio ahí (por eso del uso de suelo), sino que tampoco es dentista.

También, que nuestro amigo el mecánico tampoco lo es, sino que arregla los coches a martillazos, fiel a la técnica del “ruidito”, esto es, le quitas uno y le dejas otro, es más, la rubia ojiverde ni es rubia, ni tiene ojos verdes: se tiñe el pelo, usa pupilentes de color y antes de cambiarse por el rumbo se hacía llamar “Pedro”.

El Adán contestó que todo eso ya lo sabía, porque había rastreado doce credenciales de elector con diferentes nombres pertenecientes a la güera, pero que, como los aficionados a la selección de futbol, él también tenía derecho a ilusionarse. Efectivamente, ni cómo ayudarlo.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.