camino
NELSON CARRO
A sus once años, la niña Camino, hija de una familia profundamente religiosa, es feliz en su escuela y con sus amigas, y está interesada en el grupo de teatro de aficionados que se reúne en una casa de cultura. Sobre todo, la atrae uno de los niños que concurre al lugar, Jesús. Sin embargo, la niña comienza a tener un malestar en el cuello y todo se complica. Después de varios diagnósticos equivocados, se le descubre un tumor que le impíde moverse y la lleva a la muerte, luego de menos de medio año de sufrimiento. La madre lo ve como una prueba de Dios y Camino afronta su dolorosa situación casi todo el tiempo con una sonrisa en los labios.
Camino está basada en una historia real, la de Aleixa Gonzáñez Barrios, que a mediados de los años ochenta vivió una situación similar y actualmente se halla en proceso de canonización. La historia fue ubicada quince años más adelante y, aunque no se trata de un filme biográfico, los hechos son reconocibles, lo que motivó las quejas de la familia de la niña y del Opus Dei, la organización religiosa a la que pertenecían. Eso es algo que no sorprende. Pero lo que sí es una sorpresa es que Camino esté dirigida por Javier Fesser, un cineasta madrileño nacido en 1964 que se había dedicado hasta el momento a la caricatura y a la comedia poco sutil, como lo muestran sus dos películas previas, El milagro de P. Tinto (1998) y La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003). Después de Camino, se anuncia que Fesser filmará una secuela de Mortadelo y Filemón, por lo que la película puede verse como algo excepcional en su carrera.
Camino tuvo mucha repercución en España y ganó buena parte de los premios Goya más importantes, aunque no resultó un gran éxito de público y la crítica fue en general bastante dura. Es cierto que se trata de una película extraña, incómoda, larga y con cambios de tono bastante violentos, en la que las escenas melodramáticas se alternan con otras caricaturescas y/u oníricas, y mucha sangre (en las operaciones). Además, hay cierta ambigüedad que hace que admita lecturas muy variadas, que van desde una visión cristiana de la relación de una niña inocente con Dios y con la muerte, hasta una crítica de instituciones como la Iglesia y la familia.
Al margen de interpretaciones, lo segundo es innegable. La familia que muestra Fesser, parece de película de horror. Tras su apariencia modélica, esa familia tradicional, cristiana, de derecha(s), apegada a una serie de rígidos valores y a una existencia regida por el predominio de lo espiritual (representado por la Iglesia -el Opus Dei- y Dios), existe un trasfondo turbio, sórdido y muy enfermo. Los gestos de los personajes adultos, la madre y el padre, siempre forzadamente contenidos, como si en todo momento estuvieran a punto de explotar, rebelan un mundo nada sereno, un mundo construído por una madre manipuladora y un padre que consiente, aunque después carga con una culpa indeleble.
Es posible que la familia no sea responsable de la enfermedad de Camino; pero si es culpable de haber arruinado la vida de su hermana mayor, de haberle encaminado hacia una existencia escondiéndole las cartas de su amor juvenil y terrenal y, posteriormente, encerrándola en una especie de cárcel disfrazada, en la que acepta su destino con resignación. Sin embargo, aunque la mentira parezca justificada (“es por su bien”, diría seguramente su madre), afecta las relaciones familiares. Y el futuro de Camino no se antoja muy diferente. Cuando Camino va a la Casa de Cultura a ver a su amiga en el ensayo teatral, acompañada por su madre, por supuesto, ésta no puede ocultar una serie de gestos de molestia, de incomodidad, ante el ambiente todavía libre y desenfadado en el que se mueve la pequeña, capaz de sentirse atraída por un niño de su edad sin culpas ni remordimientos, sin pecado. Y detrás de esa madre cristiana fundamentalista esté, claramente, la mano del Opus Dei.
En Camino, Fesser se muestra hábil para intercalar el relato realista de la niña enferma, su postración en la cama, sus operaciones y su deterioro, con secuencias onírica o fantásticas, algunas aterradoras, como la de su amenazante Ángel Guardián o la de la playa donde se encuentra con su hermana y el novio, y otras aparentemente felices en un mundo paralelo, como la danza final entre Camino y Jesús, desarrollada en paralelo con la muerte de la niña, y que tiene lugar en un espacio que puede ser el de la mente o el del Cielo.
CAMINO (España, 2008) Realización: Javier Fesser / Guión: Javier Fesser / Fotografía: Alex Catalán / Dirección artística: Cesar Macarrón / Música: Rafa Arnau y Mario Gosalvez / Sonido: Jose Maria Bloch / Edición: Javier Fesser / Producción: Luis Manso y Jaume Roures, Peliculas Pendelton-Mediapro-TVE-TVC / Distribución: Videocine / Duración: 147 minutos / Intérpretes: Nerea Camacho (Camino), Carme Elias (Gloria), Mariano Venancio (Mariano Venancio), Manuela Velles (Nuria), Ana Gracia (Inés), Lola Casamayor (tía Marita), Lucas Manzano (Jesús), Pepe Ocio (don Miguel Ángel), Claudia Otero (Begoña), Jordi Dauder (Don Luis), Emilio Gavira (Mr. Meebles), Miriam Raya (Elena).


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