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LA CHULANGA, MARINA.






lachulanga@gmail.com

Divorciada y con dos hijas me vi de pronto en una de esas reuniones íntimas en las que sólo conocía al anfitrión, un maestro que quiere exponer su obra en la galería erótica virtual. Él invitó a varios a tomar una copa en su casa. La lluvia no cesaba y aunque refrescó, la fuerza de Tláloc nos quitó a todos las ganas de irnos.

La más interesante de los invitados era Marina, una mujer de alto calibre que tiene el don de utilizar palabras simples y concretas para ahondar en problemas complejos.

—Las cúpulas de poder en México siguen siendo en su mayoría de sexo masculino —la oí decir y los hombres pusieron cara de “ya empezaron los golpes feministas”, pero ella defendía que en pleno 2010 en este país seguimos en la prehistoria en cuanto a la distribución de puestos importantes entre hombres y mujeres.

Mientras la escuchaba, me acordé de Perla, la mamá de una de las amigas de mi hija Marcela. Ella y su esposo asumieron un cambio de rol desde que nació su primera hija. Decidieron juntos que ella no dejaría de trabajar. Su esposo se encarga de los tres niños y atiende la casa mientras ella, una leona ejecutiva, lleva el pan al hogar. Lograron un equilibrio que les funciona. Cambiaron el paradigma de la pareja tradicional. Cuando pienso en ellos siento una emoción sexual distinta. Me gusta la imagen del hombre que vive con una cazadora. Imagino a Perla llegando a su casa y viendo a su marido tumbado en la cama, en boxers y con una camiseta ceñida al cuerpo, rodeando con mucho amor a los hijos y diciéndole a su mujer “ya siéntate, mi amor, estás muy cansada ¿te preparo de cenar?”. ¡Qué rico! Un juguete sexual tamaño natural, tierno y considerado, dedicado al hogar y a los hijos…

—Tampoco hay muchas candidatas para puestos importantes —dijo uno de ellos.

—Es cierto —aseguró Marina—, muchas piensan que necesitan de los hijos para hacerse mujeres y se quedan instaladas en el proceso de ser madres; pero las que no andamos en eso nos topamos con que hay una banda de machos que no dejan pasar a la mujer y menos si no pueden manipularla a su antojo.

Alguien comentó que en el partido Alemania-Argentina vio por primera vez a Angela Merkel, la primera mujer que ha logrado ocupar la cancillería alemana. Entonces pasó lo de siempre, algunos hablaron del partido y otros de Chile y Argentina, reconociendo a la expresidenta Bachelete y a la presidenta Kirchner.

—¿Qué necesita una lideresa, a parte de su currículum, para que mujeres y hombres voten por ella?

—En México algunos todavía no perdonan el ser mujer y tener inteligencia —dijo con claridad Marina. Tampoco se ve bien decir la verdad. Las esferas de poder no aceptan a alguien directo y honesto. Los estatutos políticos te someten. Tienes que mostrar sumisión en algún rango; hay que tener cierto grado de complicidad, ajustarse al patrón. Muchos dirigentes sacrifican un puesto importante para dárselo a un amigo, y aunque no dé el ancho, por lo menos así garantizan la lealtad dentro de un grupo.

—Uno va cediendo los puestos a quienes van a darle continuidad a lo que se ha hecho, a la gente que tiene la misma visión.

—Mira cómo trataron los medios a Xóchitl Gálvez —contestó Marina. Ella es una mujer competitiva. Dejó de ser la panista convencional. Buscó un espacio independiente. Es de derecha, no es sumisa. Difiere seriamente; lo quiere hacer distinto ¿quién la está frenando? Igual la misma sociedad no está preparada para una mujer chingona. Lo que es una desgracia es que en las universidades públicas la cosa no es muy distinta.

—Estoy de acuerdo, sería un gran atributo para una universidad mostrarse abierta, democrática y tener una rectora —dijo el mismo que había hablado antes— pero Marina, estás soñando, eso jamás va a suceder en este país.

—Lo sé. Uno se arriesga a no poder ocupar puestos altos, pero prefiero ser indomable. Hoy en día, apegarse a la ley es algo subversivo. Si no eres cómplice, se vuelve muy incómodo solicitar algo ilícito. En esta sociedad autoritaria, pensar diferente es problemático y más siendo mujer. Parece que lo aceptable es encajar en los patrones de sumisión establecidos por la esfera de poder y ahí arriba, hay demasiados hombres que no se ven obedeciendo a una mujer. —Entonces hizo una analogía que nunca voy a olvidar—. Una vez oí decir que los machos quieren que las mujeres seamos como un metal precioso (oro, platino, plata), dúctiles, maleables. Quieren que sepamos conducir la electricidad y el calor, que tengamos brillo propio y que seamos puras para que resplandezcan nuestras propiedades. Ella se rió y yo me enteré en ese momento de que me encontraba entre puros químicos—. Lo que no se tolera es que seamos inteligentes.

Dejó de llover. Todos nos despedimos. La discusión no llegó a ningún lado pero yo me he estado preguntando ¿qué papel jugamos las mujeres actualmente? ¿Cuál queremos jugar? ¿Serán los instintos machistas lo que nos detienen? ¿Cuántas de nosotras pensamos como Marina? ¿Cuántas pensamos como ellos?

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