La Chulanga, Ninfas, águilas y serpientes
NORA EMILIA

Divorciada y con dos hijas me levanté con la espalda torcida y el cuello desacomodado. Mis cervicales estaban entumecidas, la cabeza me pesaba y me sentía incómoda dentro de mi cuerpo. Traté inútilmente de recordar si soñé que se me caía un piano encima, o si dormida había presenciado un choque violento que a toda velocidad me dejó desalineada. Pero nada, ningún recuerdo onírico llegó a mi mente. El incómodo constante estaba ocupando todo mi despertar cuando leí una notita de Regina en mi buró recordándome la junta de padres de regreso a clases a las ocho de la noche.
Hice un esfuerzo por distraerme, llegaron a mí las conversaciones recurrentes del festejo del bicentenario que flotan constantemente en los encuentros con la gente, me atraparon el sueño. El tema está retenido en muchas cabezas por la incógnita y el sin sabor de ser una nación que todavía no entiende a ciencia cierta de qué trata el festejo que, ahora sí, ya está en puerta.
Desperté malhumorada. Para colmo tenía que asistir a la junta de padres de inicio de clases, sí, odio no cumplir con mi Regina cuando sé que para ella es importante que conozca, aunque sea de vista, a los profesores que le imparten las materias de segundo de secundaria.
Traté de hacerme la valiente. Me puse un cojín caliente en los hombros pero vencida por el dolor terminé buscando los datos del médico-chamán que conocí hace unos cuatro años y que atraído por la sabiduría del pueblo maya entrelaza los ritos de sanación con la tecnología moderna porque le fue otorgado el don de poder detectar los nudos de tensión en el cuerpo. Saqué una cita y me fui a verlo en busca de alivio.
En el consultorio estaba un ejemplar de La Jornada del 7 de septiembre. Entre una y otra nota encontré un artículo de Jorge Caballero que hablaba de Niña Yahred una de las artistas jóvenes más importantes del performance en México: “El mundo está cada vez peor, la gente vive engañada y somos esclavos de cosas muy tontas, como el dinero y el trabajo, pero eso no nos hace más felices. A este mundo le falta más erotismo para soltarse de las ataduras. Creo que el arte es la vía para curarnos; la sensualidad puede cambiar al mundo”, afirmaba la artista que lanza “El banquete de las ninfas”, donde se conecta de manera natural escritura y dibujo. Yo no podía estar más de acuerdo con ella. El sentimiento de empatía no me quitó el dolor, pero por lo menos me regaló cierta tranquilidad.
La enfermera dijo mi nombre y me sacó de esa burbuja llevándome a un cubículo blanco donde me desvestí de la cintura para arriba. El médico chamán comenzó a curarme. Sus manos y un aceite calientito comenzaron a hacerse cargo de mi padecimiento. Me habló de los nudos de tensión que suelen formarse en el cuello y en los hombros igual que en las naciones. Su voz y sus manos me fueron arrullando y yo, entre la información del periódico y el dibujo de las ninfas haciéndose sexo oral una a la otra, me hundí escuchándolo en otra dimensión: “necesitamos alinearnos también como país. El 15 de septiembre habrá una marcha en la que participan los mexicanos que apoyan a los pueblos originarios de nuestro país. A las seis de la tarde saldremos del Museo Nacional de Antropología al Templo Mayor; el reto es encontrar la forma de unirnos en un reencuentro de beneficio a nuestro país; romper de una buena vez el velo de nuestro ego…” imaginé entonces bailes del México antiguo en la plaza mayor del zócalo, nos vi a todos enfocados en la misma dirección reconociendo la fortaleza espiritual que viene de los pueblos originarios.
—Se parece tanto al tao —interrumpió el médico chamán—, sólo que en el tao es redondo y el gran espiritú “hunab ku” es la contraposición de los opuestos en espiral y es, a través de esa espiral, lo que hace la expansión del universo. Urge devolverles la dignidad a los indígenas, comprometernos a independizarnos del monstruo del ego que cada uno trae dentro; nos necesitamos como unidad, la verdadera independencia está en abandonar los falsos valores.
Salí dos horas después bien alineada del consultorio. Las caricias del médico-chamán me curaron y mi mente encontró una tregua. Sus palabras quedaron impresas en mi piel.
Estaba lloviendo cuando llegué al colegio de mi hija. Me topé con mi ex, seguramente Regina también le pidió a él que vaya a la junta. Le sentí una curiosidad especial por mí. Me abrazó tapándome amable con su paraguas. Su perfume y su contacto me llevaron a ese mundo que había dejado años atrás. En el salón nos perdimos entre la gente. Se sentó dos filas atrás de mí. Sentí que me observaba. Al final hablamos un poco de nada en especial, creo que es la primera vez que los dos nos dejamos de egos y pendejadas y sin palabras dejamos en claro que los dos estamos para nuestras hijas.
Cuando el día terminó me fui a dormir alineada entre ninfas, águilas y serpientes, danzas y celebraciones con el cuidado de acomodar en mis ideas y mi cabeza, corazón y deseos de bienestar para nuestra nación.

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