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La Chulanga






luis alonso

NORA EMILIA

lachulanga@gmail.com

Divorciada y con dos hijas alcancé a Tanga en un restaurante muy mamón. No me lo dijo con claridad, pero por la voz intuí que la dejaron plantada. Hace tiempo que no platicamos de nosotras así que rápido obedecí a su “vente cabrona, no te vas a arrepentir” y me lancé con ganas de verla.

Cuando llegué, Tanga estaba sentada, como siempre, en la mesa más próxima al baño de los hombres. Mi amiga tiene la teoría de que si hay por lo menos un buen candidato en cada restaurante, las probabilidades de toparse con él y hacer contacto visual son mayores si se sienta ahí.

—Hay un hueco en mí que sólo llena el famoso Doctor House —me confesó quitada de la pena—, adoro su personalidad cínica y ojeta… Aunque sé que es una mamada gringa, por lo menos ya no te ponen al guapito metrosexual que no tiene defectos. House siempre está fachudo, cojea y no se preocupa por estar bien combinado… Por fin los productores están saliendo del estereotipo del héroe guapo y comprensivo de los que ya no existen.

—Estoy de acuerdo.

—Pues te parecerá raro —siguió Tanga en su monólogo—, pero el sábado pasado me la estaba pasando tan mal con un pendejo que mientras él hablaba comencé a preguntarme “¿por qué estoy con éste si puedo estar en mi casa con House?”

—¿Te estás oyendo? —viéndola confirmé que me caga el alcohol. Vámonos, te llevo a tu casa.

—Mira —me ignoró— me gusta sentarme aquí porque los que andan de fiesta son los mismos que se levantan a mear cada quince minutos… Ese cabrón de saco a cuadros ya es la cuarta vez que entra al baño desde que llegué.

Sin siquiera pedirlos, llegaron a la mesa dos vodkas-pepino bien cargados a la mesa.

—¿Otra vez a la pipí? —le preguntó Tanga al tipo de saco a cuadros cuando salió del baño. Nos cagamos de risa los tres y él se sentó con nosotras… De la nada y con una vibra horrible apareció el capitán de meseros y viéndonos de arriba abajo, nos desaprobó como si no fueran ellos los que nos vendían alcohol.

—¿Se le ofrece algo de beber? —le preguntó solamente al del saco de cuadros.

—Un tequila macho—contestó él. ¿Ustedes? —nos ofreció el de saco de cuadros pero el capi ni siquiera nos vio.

—¿Qué es eso de tequila macho?

—Un tequila con su chile verde adentro.

—¡Qué creativo! Es genial —le dijo Tanga y mientras el tipo se pavoneaba, ella me decía en secreto que era interesante lo poquito que había que hacer para subirle la autoestima a un pendejo.

—¿De dónde sacaste esa jalada? —le pregunté al de saco a cuadros, pero Tanga al mismo tiempo y sin contexto alguno le preguntó el color de sus calzones.

El tipo sumió la panza y nos enseñó unos boxers grises.

—A ver, guapísima, ahora enséñame los tuyos —retó a Tanga, quien se puso de pie, se desabrochó el pantalón y con seguridad afirmó: “además, has de saber que le hacen juego a mi brassier”.

Luis Alonso, leí el nombre del capitán de meseros que reventó en ese momento.

—Saca a tu amiguita de aquí —me dijo en mal tono.

—Calma, cabrón, sus pedas son inofensivas —le expliqué. Sólo está echando desmadre.

—¿No que muy machito? —retaba Tanga al de saco en cuadros ya con el pantalón cerrado y sentada en sus piernas— ¿quieres hacer unos buzitos aquí adentro? —seguía ella con su desmadre señalando su escote sin darse cuenta de que el capi Luis Alonso nos estaba corriendo.

—En lo ojete, se parece al Doctor House —señaló Tanga al capitán—, pero le falta inteligencia, éste sólo es mamón y amargadito —dijo Tanga en voz alta refiriéndose a Luis Alonso. Cuenta cuánto tiempo aguanta este cabrón dentro de mi escote a ver si en el mismo tiempo le da un infarto al capitán —propuso Tanga dolida y le embarró las tetas en la cara al del saco a cuadros. Odio ver a mi amiga curarse las penas con alcohol, traicionarse a sí misma con la urgencia de ligar. Como si mi presencia no fuera suficiente, ella necesitaba tener un camote sentado en la mesa que le dijera que es guapa y aparte, infartar a Luis Alonso que se la pasaba viéndonos como si mi amiga fuera una prostituta y él un santurrón que no conoce los efectos del alcohol que él mismo sirve.

Cuando Tanga se paró al baño, yo pagué el cuentón. El tipo de saco a cuadros me confesó que el tal Luis Alonso se puso así porque le andaba tirando la onda, que él se quería ir con nosotras y en lugar de poner en su lugar al capitán de meseros, preguntó en secreto si queríamos seguirla en su casa.

Yo lo mandé a volar. Entré a buscar a Tanga y le expliqué que nos estaban corriendo.

—¿Cuál es tu problema? —fue maravilloso ver a Tanga reclamarle a Luis Alonso. Viene uno a consumir, a pasársela bien, a olvidarse de los pedos de la vida, de la cuesta de enero, de los kilos que me dejó navidad y tú, chingando con tu mala vibra. Eres de esos resentidos que sólo de ver a alguien feliz te molestas ¿verdad? Transmites amargura…

Saqué a Tanga del lugar antes de que se madreara a Luis Alonso. En el camino, medio dormida ella hablaba fascinada de House.

Llegando a su casa le puse la pijama y viendo en la tele la serie de su héroe terminamos la fiesta plácidamente dormidas las dos.

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