Conoce otros servicios: Tiempolibre.com.mx Tiempo de Blogs Tiempo de Avisos (gratuito) ¿Deseas anunciarte? Anúnciate en Tiempo Libre


La Chulanga, ramillete de momentos






NORA EMILIA

lachulanga@gmail.com

Divorciada y con dos hijas, mandé un correo en el que pedí unos días más para pensar lo de la galería en el extranjero. También le escribí a Karla Wheelock, preguntando si sigue en pie lo del Izta:

@¿Entonces quedamos para el 28 mayo?

Me contestó de inmediato:

@Por supuesto que sí. El lunes de la próxima semana te contactará Sergio Valdés, uno de mis coordinadores, para que te dé el listado pendiente. Él llevará el seguimiento. Yo estaré en el ascenso. Él será quien nos apoye. Haz tu lista de preguntas. Saludos. Karla W. P.D. Tranquila, suelta y confía, todo está bien.

Me prendí tanto con su respuesta que se me espantó el sueño. Con esto de las vacaciones, me urgía poner un poco de orden en mi habitación. Al sacar tratar de acomodar mi clóset, una caja enorme me cayó encima. Cientos de fotografías salieron volando y se esparcieron en el piso. Arreglar el tiradero me quitaría miles de minutos.

Me puse a recoger y las imágenes me fueron cautivando hasta clavarme del todo en esos momentos capturados por una cámara a lo largo de mi vida. Había fotos de cumpleaños, celebraciones de fin de año, despedidas de soltera, bodas y de mis hijas cuando eran bebés. Sonreí al ver una en donde Tanga y yo estamos en Acapulco, súper bronceadas y con unos mini bikinis que nos vendieron en la playa.

Tomé un bonche de fotos para revivir esos instantes. Me sorprendí al ver a personas de las que hace mucho no sé nada. Es increíble estar tan ligada a alguien por un tiempo y que de pronto el afecto se desvanezca como la flama de un cerillo cuando se apaga.

Encontré unas en las que estoy al lado de un galán: algunos, son amigos entrañables; otros, amores que han marcado inolvidables romances. Una foto en especial, me hizo recordar las épocas con MiDoctor cuando apenas empezábamos a salir juntos. Fue una travesía que hicimos por mar con unos pacientes suyos. En ese viaje, jugamos a ser desconocidos y tratábamos de no tocarnos. Fue como volver a conocernos, a cortejarnos otra vez. A través de los días y la navegación, las pieles nos pedían algo más que mar y sol. Entre el bamboleo de las olas y los cielos estrellados, las noches se fueron haciendo más cálidas, más íntimas, hasta que una madrugada, cuando todos dormían, fui a tocarle a MiDoctor. Ya no aguantaba las ganas de montarme en él. Me recibió con esa media sonrisa tan turbadora que aún hoy, al recordarla, me hace sentir un vértigo delicioso. Sin ningún preámbulo, me lancé a su cama y a su cuerpo. Habían sido muchas horas de deseo contenido mientras lo miraba broncearse bajo el sol. Mis piernas se entrelazaron en las suyas al tiempo que devoraba sus humores. Nuestros cuerpos olían a coco, a lluvia, a brisa marina y a ese deseo húmedo que se había acumulado por días entre las paredes del barco. Nos prodigamos con arrebato. Recuerdo sus manos largas y ardientes que me exploraban como si mi piel fuera su atlas personal. Yo gemía tan rico que si alguien me escuchó, de seguro no pudo dormir por la calentura. Ese viaje tuve unos orgasmos riquísimos. El dicho es cierto, “en el mar, la vida es más sabrosa”.

Sentí el aroma de esos días soleados y ardientes. El deseo me recorrió entera y con un suspiro, pasé a las siguientes imágenes: comidas, vacaciones, campo, bosques y litorales. En todas vi caras felices. Cuántas cosas bellas se pueden guardar para la posteridad con un simple “click”. Por un momento, dejé de mirar recuerdos y fui por mi cámara. Me puse de rodillas entre el tiradero, estiré mi brazo y me autorretraté. Quería conservar esos minutos. Yo, ahí, acompañada por tantas evocaciones, viviendo épocas de placidez y fiesta, colores y gestos que permanecerían intactos sobre un papel; toda una historia de risas y brindis por nuevos amaneceres, deseos y caricias. Amores y desamores. Esas imágenes jamás perderán la juventud ni la felicidad; serán paisajes siempre verdes y luminosos, cielos sin tormentas, pasteles recién horneados y niños que nunca crecerán. Era un ramillete de momentos. “Las fotografías son estados de ánimo”, recordé las palabras de mi vecino fotógrafo.

Me quité la ropa, me tiré en la cama, tomé un puñado de fotos y las esparcí sobre mi desnudez. Quería cobijarme con la añoranza de esos tiempos que habían recorrido mi historia.

Entre sueños, me pareció escuchar voces infantiles, la risa de Tanga, las ocurrencias de mi familia y mis amigos en plena celebración… Me recordé suspirando, reclamando, seduciendo mientras unos dedos largos y vehementes me acariciaban toda al ritmo de una embarcación que bailaba tímida sobre el mar. Un ruido en la puerta me asustó de pronto. Era Marcela que tampoco podía dormir.

¾Ma, ya voy a terminar la prepa, no estoy segura de qué quiero estudiar. Estoy confundida, quiero darme un tiempo, pensarlo con calma; es más ¿y si la que se va de México soy yo?

Me quedé casi inmóvil, a mi cabeza vino la imagen de Marcela cuando estaba en el kínder haciendo dibujos concentrada en llenar el espacio de colores y después recordé una foto reciente en la que fotoshopeó su silueta en un bosque de Magritte.

—Vamos a pensarlo; no me suena nada mal tu idea —sonreímos traviesas y nos quedamos viendo fotos, hablando de todo, hablando de nada.

1 Comment

  1. EDUARDO says:

    ¡AY CHULANGA! DONDE ESTAS. CREO QUE TE VI PASAR. SIEMPRE AIROSA, TE NOTAS, CAMINAS RICO, VUELA TU FALDA, ADIVINO TUS BRAGAS. SIN EMBARGO PASAS Y YO VOY EN EL METRO Y NO ME ALCANZA EL TIEMPO PARA ENCONTRARTE, ENTONCES SIMPLEMENTE ME QUEDA LLENARME LOS OJOS CON LA VECINA DEL ASIENTO DE JUNTO. Y LE PREGUNTO: ¿Te llamas Nora?

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.