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LA MIRADA INVISIBLE






NELSON CARRO

ncarro@tiempolibre.com.mx

El año es 1982, cuando la dictadura argentina ya se tambalea y está a punto de embarcarse en la aventura final: la guerra de Las Malvinas. En el represivo Colegio Nacional de Buenos Aires, la joven preceptora María Teresa vigila de manera permanente y obsesiva a las estudiantes: el largo del cabello, la corbata, los botones, los calcetines, que no se rían, que no se besen, que no fumen… Esa vigilancia la lleva a espiar el baño de los varones, donde comienza a descontrolarse su sexualidad reprimida. Esa labor policiaca busca el reconocimiento de su superior, el prefecto Biasutto, un hombre que tras una apariencia amable oculta una personalidade muy retorcida.

El tercer largometraje de Diego Lerman (Buenos Aires, 1976, el mismo año en que se instauró la dictadura), La mirada invisible, adapta la novela de Martín Kohan, Ciencias morales. En ella, el Colegio Nacional de Buenos Aires, institución educativa de larguísima tradición en la que se formaron varios de los grandes hombres argentinos (Manuel Belgrano, Mariano Moreno, Juan Bautista Alberdi, etcétera), aparece como un microcosmos de la sociedad argentina de tiempos de la dictadura. La mayor parte de la acción transcurre tras las paredes del enorme edificio, donde funciona una especie de réplica de la dictadura de puertas afuera Se trata de eliminar todo vestigio de rebelión y de subversión en el estudiantado, recurriendo a una disciplina casi militar y a una vigilancia que no pide nada a la de los servicios de inteligencia y las policías secretas.

Esa mirada invisible corre por cuenta de María Teresa, una joven de pocos años más que sus vigilados, quien sin embargo, se comporta no sólo como una mujer mayor sino de otra época. Totalmente reprimida, aprisionada en ropa cerrada hasta el último botón del cuello y de las mangas, no se permite el mejor descontrol. Siempre está contenida, tensa, luchando por que no aflore ninguna emoción, ninguna debilidad, ningún sentimiento. Hasta que tanta tensión aflora por donde menos podría pensarse: comienza a sentirse atraída por uno de sus alumnos, por su perfume. A partir de ese momento, la siempre compuesta María Teresa se va a descomponer totalmente y el espionaje represivo va a dar lugar a un enfermizo voyeurismo y a una expresión tortuosa de su sexualidad: comienza orinando en el baño de hombres, luego se masturba y termina perdiendo su virginidad de una manera por demás violenta.

Diego Lerman, quien debutó en el año 2002, adaptando otra novela de un escritor argentino actual, La prueba de César Aira, en Tan de repente, consigue ahora una muy buena versión de Ciencias morales. Se toma algunas necesarias libertades en relación al original, crea algunas escenas nuevas, cambia el final, pero se mantiene muy fiel al espíritu. Incluso, esa atmósfera del gran edificio, que hace que la protagonista a veces se encuentre sofocada y oprimida, y otras perdida en los enormes patios, está muy bien conseguida por las exactos encuadres.

El personaje de María Teresa encuentra su perfecta encarnación en la actriz Julieta Zylberberg (vista anteriormente en La niña santa de Lucrecia Martel), que consigue transmitir casi sin palabras toda su frustración y su desorden interior. Su personaje no necesita explicarse, se va armando a partir de pequeños detalles, de acciones cotidianas que se van sumando: el baño de espuma, las conversaciones nocturnas con su abuela, el peinado para la fiesta, la compra del disco de Virus. La impresión que queda es que hay otra María Teresa que intenta salir, pero no encuentra por dónde. Y cuando lo consigue, lo hace por los caminos más retorcidos.

María Teresa se fija en Marini, uno de los estudiantes que tiene que vigilar, y en Biasutto, su jefe, el orquestador de la mirada invisible para controlar y destruir a la subversión, ante quien quiere aparecer como subordinada modelo. Pero ni siquiera se da cuenta (o no quiere darse cuenta) de las atenciones de Esteban, su compañero de trabajo, de su misma edad, quien busca llamar su atención con escasos resultados. Incluso en este plano, que tendría que ser el emotivo, su comportamiento se rige por las reglas y los códigos que sostienen la mirada invisible.

LA MIRADA INVISIBLE (Argentina-España-Francia, 2010) Realización: Diego Lerman / Guión: Diego Lerman y María Meira, sobre la novela Ciencias morales de Martín Kohan / Fotografía: Álvaro Gutiérrez / Dirección artística: Yamila Fontán / Música: José Villalobos / Sonido: Leandro de Loredo / Edición: Alberto Ponce / Producción: Nicolás Avruj y Diego Lerman, CampoCine-Agat Films & Cie.-Mediagrama / Distribución: Cineteca Nacional / Duración: 97 minutos / Intérpretes: Julieta Zylberberg (María Teresa Cornejo), Osmar Núñez (Carlos Biasutto), Marta Lubos (abuela Adela), Gaby Ferrero (madre Elvira), Diego Vegezzi (Marini), Pablo Sigal (Esteban), Jorge García Marino (prefecto), Magdalena Capobianco (Romero), Valerie Coifman (Pelaccini), Alan Bogado (Blandini).

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