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Paseo Ilustrado






historia y aventura

ÁNGELES GONZÁLEZ GAMIO

gonzalezgamio@gmail.com

Resulta fascinante en el Centro Histórico conocer la historia que guardan sus construcciones, que en muchas ocasiones se remonta a la época prehispánica. Hoy vamos a hablar de un pequeño templo, que se encuentra en la calle de Venustiano Carranza 107. Aquí se fundó en 1603, el Colegio de Santo Domingo de Porta-Coeli, a un costado de la antigua Plaza del Volador, que ocupaba el sitio en donde actualmente está la Suprema Corte de Justicia. Los dominicos, orden de predicadores, tuvieron siempre como una de sus principales preocupaciones la formación de los religiosos, creando instituciones a los cuales asistieran para seguir —entre otros— los cursos de filosofía, gramática y teología.

La primera construcción se hizo remodelando unas casas que les donó doña Isabel de Luján, nieta del último gobernador de la Nueva España, antes de que llegara el primer virrey. Al poco tiempo tuvieron la necesidad de ampliarse por la gran demanda de jóvenes que deseaban ingresar, para lo cual adquirieron unos terrenos adjuntos. Ahí edificaron también un templo, que se dedicó en 1711; la fachada barroca la modificó el arquitecto Luis Anzorena en 1891, para ponerla a la moda del estilo neoclásico.

El convento fue destruido al quitarle los bienes a la Iglesia en 1861, pero el templo se conservó. Su angosta fachada es muy sobria, con su arco de ingreso de medio punto, flanqueado por pares de pilastras que sostienen un entablamento. Sobre éste, un frontón triangular roto en el centro, permite alojar la ventana del coro. El interior ha sido muy modificado; se sustituyeron los antiguos altares barrocos y la antigua cátedra en donde los religiosos sustentaban actos y conclusiones públicas. Los muros se decoraron con pequeños mosaicos dorados, que representan escenas bíblicas a la manera bizantina, realizados en 1971, por Manuel Pérez Paredes, lo que le imprime un aire oriental, expresión de los libaneses del rumbo, quienes financiaron los trabajos.

Es interesante hacer notar que esta fructífera inmigración, también se hizo cargo del cercano templo de Balvanera, que conserva una de las torres más bellas de la ciudad, toda recubierta de azulejos azules y amarillos. Asimismo dejaron su huella en la zona, con varios restaurantes de su rica comida como Edhen, Emir y Al Andalus.

Volviendo a Porta-Coeli, vale la pena recordar que aquí estudió ese personaje de novela de aventuras que fue fray Servando Teresa de Mier. Célebre por su elocuencia y talento, se le convocó a pronunciar un discurso el 12 de diciembre de 1794, para conmemorar a la Virgen de Guadalupe. Ahí declaró que los indios ya habían sido evangelizados antes de la llegada de los españoles por el apóstol santo Tomás, a quien asimiló con Quetzalcóatl, y que la imagen de la Guadalupana ya había sido también estampada en la capa de ese apóstol. Esto desató la furia del virrey y del alto clero, por lo que fue apresado por el Tribunal de la Santa Inquisición y enviado de castigo a España.

Ahí logró escapar de dos prisiones, se refugió en París, donde abrió una academia para enseñar español y tradujo Atala de Chateubriand. Regresó a España en donde escribió una sátira en defensa de la independencia de México, por lo que fue nuevamente encarcelado, fugándose por tercera vez. Se trasladó a Londres y volvió a escribir sobre el movimiento independentista. Conoció al navarro Francisco Xavier Mina, con quien se unió para venir a México a luchar por la causa insurgente. Al llegar, por cuarta vez fue encarcelado y escapó a La Habana. En 1822 volvió al país y lo encerraron en san Juan de Ulúa, de donde lo sacaron los insurgentes para que formara parte del Primer Congreso Constituyente.

Terminó sus días en Palacio Nacional, a donde lo invitó a vivir el primer presidente del México independiente, Guadalupe Victoria. Tres días antes de su muerte invitó a sus amistades y a figuras prominentes a Palacio, para que lo acompañaran a recibir el Santo Viático, porque anunció que ya iba a morir. Muchos asistieron escépticos, conociendo el temperamento exaltado de fray Servando. Éste los recibió en la puerta, dio un efusivo y brillante discurso de despedida y…. ¡se murió! Ahí no acabó la cosa; por su antecedente dominico fue sepultado en el convento de Santo Domingo y años más tarde, al ser destruido el convento por las Leyes de Reforma, fueron encontradas varias momias que adquirió el dueño de un circo, quien las exhibió por distintas ciudades, hasta que se descubrió que una de ellas era fray Servando, aventura que seguro habrá disfrutado enormemente.

3 Comments

  1. urca says:

    quién escribe es descendiente de Manuel Gamio? Quien restauró teotihuacán y le puso CONCRETO???????

  2. folp says:

    ahora es una escuela

  3. saberian says:

    deberian de escribir sobre la mercded, nomás publican de la parte nais del centro

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