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Paseo Ilustrado






casas de libros

ÁNGELES GONZÁLEZ GAMIO

gonzalezgamio@gmail.com

México tiene una enorme tradición librera que data de la época prehispánica; crónicas, códices y los notables testimonios de fray Bernardino de Sahagún, nos hablan de las “casas de libros”. Afirman que en Texcoco, en donde reinaba el sabio y culto Netzahualcóyotl, había una nutrida biblioteca, al igual que en México-Tenochtitlan. En los libros se recogían la historia, costumbres, leyes, creencias y todo lo relevante de su cultura. Estaban escritos en bellas y coloridas pictografías. Desafortunadamente la mayoría de esos maravillosos documentos indígenas fueron destruidos, de manera muy principal por el obispo fray Juan de Zumárraga, quien los consideraba contrarios a la fe cristiana.

Se habla de que la hoguera en donde los quemó, duró ocho días a fuego vivo por la cantidad de papeles que la atizaron. Paradójicamente, el mismo fraile logró la autorización real en 1534, para formar una biblioteca con cargo a los fondos de Catedral, para facilitar las consultas de carácter teológico. Este histórico apego por los libros ha llevado a su recopilación, lo que ha conformado grandes bibliotecas tanto de particulares como de instituciones.

De las bibliotecas prehispánicas lo poco que se salvó, nos permite imaginar las maravillas que se perdieron. Algunos de los códices sobrevivientes plasmados en lienzos de algodón, pieles, papeles de amate y europeos, se encuentran muy bien custodiados en una bóveda como de banco, con temperatura y humedad controladas, que se encuentra en las entrañas del Museo Nacional de Antropología.

Este cuidado espacio está a cargo de la biblioteca, que ocupa parte de la planta alta del magno recinto y que ahora es dirigida por la talentosa etnóloga Julieta Gil Elorduy. La visitamos en su luminosa oficina con vista al bosque, cuyos hermosos libreros pertenecieron a don Alfonso Caso, quien también fue su director. Su retrato, extraordinariamente pintado por Siqueiros, preside la entrada. Frente a una taza de buen café la directora nos platica la rica historia de la bilioteca.

Sus orígenes datan de 1823, cuando Guadalupe Victoria creó el Museo Nacional, aunque sería hasta 1888 cuando se le fundó formalmente. En 1964, al trasladarse de la antigua sede en la Casa de Moneda al flamante Museo Nacional de Antropología, fue declarada Biblioteca Nacional de Antropología e Historia.

El hermoso espacio que ocupa la sala de lectura, con magnífica vista al bosque, inspira para estudiar con paz y concentración los ricos contenidos del acervo, que incluye las bibliotecas y archivos de personajes como Lorenzo Boturini, Francisco del Paso y Troncoso, Ignacio Ramírez El Nigromante, Pablo González Casanova (padre), Manuel Gamio y Luis González Obregón.

Hay un Fondo Reservado con algunos incunables, calendarios, guías de viajeros y fondos de conventos, conformado por hermosos libros con forros de pergamino, exquisitas letras y las marcas de fuego que distinguían a cada orden religiosa.

Doña Eulalia Guzmán, la antropóloga que sostenía haber encontrado los restos de Cuauhtémoc en Ichcateopan, Guerrero, conformó un importante Archivo Histórico con los libros de los procesos inquisitoriales y los documentos institucionales con sellos en seco, tesoro bibliográfico que se resguarda aquí. Asimismo se custodia el archivo técnico de refugiados españoles, mapas y fotografías. También hay una hemeroteca que contiene especialmente periódicos del siglo XIX. El subdirector técnico, Marco Antonio Tovar, quien lleva 28 años en la biblioteca, muestra con orgullo un ejemplar del Diario de México, de 1803, donde se introduce por vez primera el formato de doble columna, y otro de La Orquesta, de 1861, periódico crítico donde nace formalmente la caricatura política, que costaba la fabulosa cantidad de seis reales. También presume El Tiempo, que en 1912 inaugura el que podemos considerar formato periodístico moderno, con ocho columnas y publicidad.

Como pueden ver hay muchas razones para darse una vuelta por la biblioteca, que se encuentra en el segundo piso del Museo de Antropología, además de visitar sus fascinantes salas, que renovó con entusiasmo y entrega su anterior director Felipe Solís, quien falleció hace un par de años, como habría deseado… trabajando.

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