Cuento
Me acordé, tarde pero lo hice. Aquel cielo quebradizo, rememoración de incontables batallas, sujeto al viento, mapa cambiante. Me dirigí al susodicho lugar, luego de atravesar el selvoso parque. Parque tan denso, tan oscuro de noche que el viento no lo penetraba. Llegué tarde, haciendo un desfiguro, tratando de ser cortés.
Me recibió el guardia de seguridad. La reunuión ya había empezado y se me esperaba con impaciencia. Se trataron asuntos de poca importancia pero llegado el asunto central palidecí. Sombra de mí mismo, no supe como empezar. Debí haber tomado una decisión precipitada porque el sueño me ganó y casi caí desmayado.
A la mañana siguiente me desperté entre ajetreos insondables en el hospital. Llegó a visitarme la esposa del director. Pleno de reponsabilidad traté de ser evasivo. Pero fuí interpelado severamente. La sociedad había tomado la decisión. Saldría en un vuelo por la tarde. Miré mi reloj y me perdía en la profundidad del tiempo. Todo lo que recuerdo es el velo de la noche, fugaz, oscuro, como un ave en tardo vuelo.
Por Roberto Valero

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